Entre nuestras amistades o en nuestra familia, está ese alguien que todos consideramos un tesoro. De algún modo, con una sonrisa o una simple conversación nos edifican y nutren nuestro optimismo y nuestro espíritu. Su sabiduría no se encuentra en los libros, sino en ese sentido común que se adquiere desde una mente reflexiva, intuitiva e inteligente.
Hay gente que mira a los ojos y sabe leer entre líneas el apoyo y desahogo emocional que el otro necesita. Según diferentes estudios, se cree que este tipo de capacidades proceden de un cerebro con el hemisferio derecho más desarrollado.
Es esa área más reflexiva, más creativa, a la vez que observadora. La persona que inspira entiende de reciprocidad. A su vez, no responde al típico perfil que hace uso de la arrogancia para demostrar que sabe más que el otro. Quien inspira no hostiga, sino que deja ser. Nos dan ejemplo pero respetan nuestras elecciones, nuestros pensamientos y opiniones.
Si tienes a alguien así cerca, no dudes en compartir más momentos con él o ella, seguro que aprenderás algo de la vida y te sentirás poderoso de nuevo. Si eres tú esa persona valiosa, mantén esa luz que brilla dentro de ti, alimentándola con buenas acciones
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